¿Qué es lo que realmente sostiene a un equipo cuando las cosas se ponen difíciles?

Solemos hablar mucho de liderazgo, de alcanzar objetivos y de tener una comunicación fluida. Pero a veces nos olvidamos del ingrediente silencioso que lo mantiene todo unido: la confianza entre pares.

Un equipo no funciona solo porque compartan una oficina o un organigrama. Funciona cuando tienes la certeza de que puedes confiar en la persona que trabaja a tu lado.

Para mí, esa confianza se resume en tres cosas muy humanas:

1.     Saber que el otro va a cumplir lo acordado sin que tengas que estar persiguiéndolo.

2.     Poder discrepar de frente sin que eso se convierta en un conflicto personal.

3.     Tener la seguridad de que, cuando no estés presente, van a hablar de ti con el mismo respeto que si estuvieras delante.

Confiar no es pensar igual. Es tener la libertad de pensar distinto y, aun así, seguir tirando para el mismo lado.

Cuando esa confianza existe, la gente se anima a pedir ayuda, a reconocer errores y a proponer ideas locas. Pero cuando desaparece, entramos en "modo supervivencia": cada uno empieza a cuidarse a sí mismo.

Y en el momento en que un equipo trabaja para protegerse los unos de los otros, deja de ser un equipo, aunque el papel diga lo contrario.

La pregunta no es si tenemos un equipo con talento, sino: ¿las personas que lo forman confían realmente unas en otras?

Siguiente
Siguiente

La conversación más difícil de un líder