¿Pediste algo o solo expresaste un deseo?

Es frustrante cuando alguien no entrega lo que esperábamos. Pero, si somos honestos, muchas veces el problema no es el compromiso del otro, sino nuestra falta de claridad al pedir.

En el día a día, caemos en la trampa de los "pedidos implícitos": esperamos que los demás nos lean la mente porque "es obvio lo que se necesita". Pero la realidad es que lo que no se nombra, no existe como compromiso.

No es lo mismo decir: "Necesitaría que esto estuviera listo cuanto antes" (una expresión de deseo que deja la puerta abierta a cualquier interpretación).

Que decir: "Necesito que esto esté listo el jueves a las 15 hs. ¿Podés comprometerte a esa fecha?" (una coordinación de acciones real).

Para que un equipo deje de "charlar" y empiece a funcionar, los pedidos necesitan tres cosas básicas: qué, quién y para cuándo. Si falta uno, lo que tenemos es ruido, no un acuerdo.

Pero hay algo más profundo: pedir requiere confianza.

A veces no pedimos ayuda porque no queremos "molestar" o porque creemos que deberíamos poder con todo solos. Sin embargo, en los equipos donde existe la confianza entre pares, pedir ayuda no es un signo de debilidad; es la certeza de que nadie llega a los objetivos solo.

Confiar es saber que puedo hacer un pedido y que el otro tiene la libertad de decirme:

"Sí"

"No"

"Hoy no puedo, pero te propongo esto otro"

Pedir no es ordenar. Es abrir un espacio para que el otro responda y coordinar juntos.

Si querés que tu equipo empiece a avanzar hoy mismo, probá cambiar las expectativas por una de las preguntas más potentes que existen:

"¿Qué necesitás de mí para poder hacer bien tu trabajo?"

Esa simple frase construye más confianza y mejores resultados que cualquier proceso formal.

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La soledad del expuesto: ¿Qué hace tu equipo cuando las cosas se complican?