El difícil arte de no dejar a nadie (del todo) conforme

Hay una máxima que aprendemos rápido en las relaciones laborales: si al terminar una negociación todos están saltando de felicidad, es muy probable que alguien no haya entendido qué se estaba negociando.
La polémica actual sobre la reforma laboral y el reciente malestar de varios sectores empresarios con el giro del Gobierno me hicieron pensar nuevamente en esto.
El escenario es complejo:
El Gobierno necesitaba mostrar avances y gobernabilidad.
La CGT defendía su caja y su estructura de supervivencia.
Los empresarios esperaban una reforma que "fuera a fondo" sin dar marcha atrás.
Al final, el acuerdo para destrabar la renegociación de unos 800 convenios colectivos dejó a cada sector con algo en la mano, pero también con el sabor amargo de lo que tuvo que resignar.
Negociar no es imponer. Es encontrar ese punto incómodo donde las partes pueden decir: “Esto no es exactamente lo que queríamos, pero es lo que nos permite avanzar”.
El problema aparece cuando confundimos negociación con rendición. En una mesa real hay poder, hay expectativas y, sobre todo, hay política. No hablo de política partidaria, sino del arte de entender quiénes son los actores, qué necesitan para no romperse y cuál es el costo real de no llegar a un acuerdo.
El Gobierno decidió que el costo de mantener el Decreto 407 (el que generaba resistencia total) era demasiado alto si quería reactivar la paritaria nacional. Los empresarios, por su parte, ahora sienten la desilusión de ver cómo se diluyen ciertos límites a las cuotas solidarias que consideraban ganados.
Lo que viene es el verdadero desafío. Una cosa es firmar un papel en un despacho oficial y otra muy distinta es bajar ese acuerdo a la realidad de cientos de empresas, sindicatos y trabajadores. Ahora comienza la "micro-negociación" en sectores como Petróleo, Comercio o la UOCRA, donde veremos si este marco realmente sirve para modernizar el trabajo o si es solo un parche más,.
Quizás debamos prestar más atención al cómo se negocia que al resultado inmediato. Porque conformar a todos es, por definición, imposible. Pero construir un acuerdo que permita que la rueda vuelva a girar, sin que nadie sienta que lo perdió todo, es el único camino sostenible en relaciones laborales.

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